sábado, 20 de noviembre de 2010

La pena de muerte

La pena de muerte consiste en provocar la muerte de un condenado por parte del Estado, como castigo por un delito establecido en la legislación. Los delitos a los cuales se aplica esta sanción penal suelen ser los de mayor gravedad, como asesinato, espionaje o traición.
La ejecución de criminales y disidentes políticos ha sido empleada por casi todas las sociedades en un momento u otro de su historia, tanto para castigar el crimen como para solventar los conflictos políticos.
Actualmente el uso de la pena de muerte ha sido abolido en casi todos los países europeos (excepto Bielorrusia), y la mayoría de los correspondientes a Oceania (como Australia, Nueva Zelanda y Timor Oriental). La mayoría de países latino-americanos han abolido completamente la pena de muerte, mientras que los Estados Unidos de américa, Guatemala y la mayoría de los estados del Cariba la mantienen en vigor. En Chile y Brasil la contemplan como castigo en situaciones excepcionales, como por ejemplo para castigar la traición cometida en tiempo de guerra. En Asia la pena de muerte está permitida en democracias como Japón e India y en Africa, en países como Botswana y Zambia.
La aceptación o no de la pena de muerte es un tema muy debatido, ya que entran en juego los principios, la justicia y la moral.

La pena de muerte, por lo tanto, es arrebatarle a un ser humano la vida por sus acciones, de manera que el castigo se convierte en un nuevo asesinato, movido por la venganza e impulsos animales; “ojo por ojo, diente por diente”.

Desde mi punto de vista moral, cada vida es sagrada y debería ser respetada.
Nadie tiene derecho de quitar la vida a nadie.
Al castigar a alguien con esta pena, intentando solucionar el delito, se realiza otro de igual gravedad. Pagar con la misma medicina no tiene sentido. El hacerlo supone rebajarse al mismo nivel.

Es cierto que estos “individuos”, frecuentemente asesinos y violadores en serie, no deberían estar en este mundo, pero mantenerlos aislados el resto de sus vidas, dándoles tiempo de sobra para reflexionar sobre lo que han hecho, es un castigo mayor.
Por otro lado, si el acusado muestra arrepentimiento, ¿debería o no ser reinsertado en la sociedad tras una pena menor? ¿quién debería juzgar este sentimiento y cómo se podría constatar que el arrepentimiento es verdadero o falso? Aún así, esto debería ser dedicado al sistema penal, y no es argumento para permitir la pena de muerte, ya que trata la liberación y no de lo contrario.

Por último, en países como Estados Unidos se alega que la pena de muerte sirve también para dar miedo a los delincuentes y persuadirlos de asesinar, pero EEUU sigue siendo uno de los países con más delincuencia del mundo, puede que debido a su erróneo sistema judicial.

En general, la pena de muerte debería ser eliminada, y en todo caso permitida para casos muy excepcionales en los que no haya otra manera de proteger a la sociedad del individuo en cuestión.
La justicia debería ser estricta y eficaz y no movida por influencias, sobornos, prejuicios, venganza e hipocresía.